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Borges
y el anglosajón Publicado
originalmente en "El Lenguaraz", Revista del Colegio de
Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires. Abril
de 2003.
De
todas las literaturas que influyeron en la obra de
Borges, la anglosajona, es decir, la literatura escrita
en Inglaterra entre los siglos V y XI, es seguramente la
menos estudiada por la crítica. Se trata, sin embargo,
de uno de los temas recurrentes de nuestro escritor,
como lo fueron una vez el Tango o las obras de
Schopenauer, Berkeley y Hume. Resulta, por lo tanto,
importante entender las características del inglés
antiguo y el impacto que el estudio de esta lengua y los
textos en ella escritos ha tenido en la obra de quien
fue uno de los más grandes escritores de lengua hispana
del siglo XX.

Introducción: cinco siglos de
inglés antiguo
Anglos, Jutos y Sajones, llamados
colectivamente “anglosajones”, tribus germánicas que
dejaron atrás sus hogares en el continente y
cruzaron el Canal de la Mancha para terminar
instalándose en las islas británicas. Los Jutos
procedían de Jutland (Dinamarca), los Anglos de
Schleswig-Holstein (Alemania), y los Sajones, de las
costas al norte del Elba (Dinamarca y Alemania). En
términos de clasificación lingüística, el anglosajón es
un dialecto bajoalemán, cuyos parientes más cercanos son
el holandés y el frisio.
A partir del siglo V los
anglosajones comenzaron su migración hacia las islas
británicas. y se impusieron a los habitantes nativos de
Bretaña, que eran, en su mayoría, tribus celtas,
antecesoras de las actuales poblaciones de escoceses,
irlandeses y galeses. Con el tiempo, los invasores
fueron empujando a la población celta hacia el norte y
el oeste de la isla. Dado que las lenguas celtas
pertenecían a un enemigo sometido, pocas palabras celtas
han pasado de éstas al idioma de los anglosajones, por
lo que al principio el anglosajón era una lengua casi
exclusivamente germánica. Con el tiempo, se vio influido
por el latín eclesiástico, y por los antiguos dialectos
escandinavos hablados por los invasores vikingos.
La época del inglés antiguo
terminó en el año 1066, con la invasión normanda.
El último rey sajón, Harold Godwinson, fue derrotado en
la batalla de Hastings por Guillermo el Bastardo en el
año 1066.
 |
| El último rey sajón: el rey Harold,
retratado en el famoso "Tapiz de Bayeux", ca.
1066. |
Los normandos provenían de la
Normandía francesa, la etimología de ese nombre (“tierra
de los hombres del norte”) revela su origen escandinavo.
Pero para el momento en que decidieron invadir
Inglaterra, sin embargo, los normandos se habían
afrancesado por completo. Su lengua no era el
escandinavo antiguo, sino el francés antiguo o
“francien”, idioma que impusieron a las tierras sajonas
que conquistaron. La iglesia ya había dado al inglés
varias docenas de palabras latinas; un par de siglos de
dominio normando la inundaron de miles de palabras de
origen romance. El resultado del encuentro entre la
antigua lengua francesa de los normandos y el inglés
antiguo hablado por los anglosajones dio como resultado
una lengua híbrida, con una gramática germánica en su
esencia pero con un gran porcentaje de palabras de
origen romance en su vocabulario, de la que desciende el
inglés moderno.

Literatura
anglosajona
Durante los cinco siglos que van del V al X,
el inglés antiguo fue vehículo de creación
literaria.
No es mi intención reseñar textos
específicos, dado que, existen varias introducciones a
esta literatura, entre ellas, la que escribió el mismo
Borges en su libro Literaturas Germánicas
Medievales. Resulta de interés, sin embargo,
enumerar y analizar brevemente los textos primarios que
sobreviven hasta el día de hoy.
En lo que respecta a la poesía, el hecho
más notable es que de toda la producción poética que
puede haber tenido lugar en los cinco siglos que van del
V al X, han sobrevivido solamente cuatro códices: el
llamado Libro de Exeter, que pertenece a la
catedral de ese mismo nombre, el llamado Manuscrito
Junius, el Libro de Vercelli ,
olvidado hace siglos en Italia por unos peregrinos
anglosajones camino a Roma, y finalmente, el códice
llamado Cotton Vitellius, que sufrió graves
daños durante un incendio en la biblioteca de Cotton, a
la que pertenecía, y que se encuentra ahora en la
British Library.
De todos los poemas contenidos
en esos cuatro códices, el más famoso es
seguramente el de Beowulf, que
narra el legendario combate entre el guerrero de ese
nombre y una serie de monstruos Se trata de un poema
heroico de 3200 versos. Borges disfrutaba de su lectura,
pero la desaconsejaba a los principiantes, ya que
emprenderla sin conocimientos suficientes propendía,
según afirmaba, “a la deserción y al tedio”.
 |
| Primera página del manuscrito del
Beowulf. |
Beowulf no es, sin embargo, el
único poema heroico que ha llegado a nosotros.
Sobreviven también varios textos de la misma naturaleza
que Borges encontraba sumamente interesantes.
Entre éstos se encuentran el llamado
Fragmento de Finnsburh, que narra una batalla
entre Daneses y Frisios, la Batalla de
Brunanburh, que veremos en más detalle más
adelante, y la Batalla de Maldon, poema que
fascinaba especialmente a Borges
Otro género de la literatura anglosajona
por el que Borges se sentía especialmente atraído era el
género elegíaco. Las elegías anglosajonas son poemas
escritos en primera persona, que tratan del contraste
entre la felicidad de épocas pasadas y el difícil
presente del narrador. Se trata de obras que subrayan,
en general, la transitoriedad de las riquezas, el
bienestar y la alegría. Las elegías preferidas por
Borges eran La Ruina, cuyo narrador describe el
estado de destrozo de lo que antes fue una ciudad llena
de alegría y belleza, la elegía de El Hombre
Errante, en la que un guerrero lamenta su suerte,
alejado de su rey y de su gente recorre en soledad mares
helados, y finalmente El navegante, en el que
se siente con fuerza un tema que se volverá habitual en
la poesía inglesa más tardía: la nostalgia del mar.
Hay, por último, una serie de poemas
religiosos cristianos, que combinan el ethos
heroico germánico con personajes y fuentes
bíblicas. Entre ellos se cuentan Andreas, Juliana
y Los Destinos de los Apóstoles. Este no
es un género que impresionara especialmente a Borges; de
todas las poesías religiosas, la que Borges prefería era
El Sueño de la Cruz (The
Dream of the Rood),
debido no a su énfasis cristiano, sino al hecho de que
el narrador en primera persona del poema no es una
persona sino, curiosamente, el madero, la misma cruz
donde fue crucificado Cristo.
En comparación con los escaso del material
poético que ha sobrevivido hasta nuestros días, los
textos en prosa son mucho más abundantes: su cifra
asciende a varios cientos. No ahondaré en ellos, sin
embargo, porque a diferencia de la poesía, la prosa
anglosajona no impresionaba especialmente a nuestro
escritor. “Los sajones podían componer versos
memorables” – escribió una vez – “pero su prosa
era vacilante y pesada” (Comentario sobre “El Relato de
Ottar” en Breve Antología
Anglosajona, OCC pág. 798). A pesar de ello,
nos consta que Borges leyó con fruición algunos de los
textos en prosa redactados por el rey Alfredo, y que
disfrutaba la lectura de la Crónica Anglosajona, texto
que consiste en una serie de anales sucesivos escritos
por generaciones de monjes y que describe sucintamente
los hechos acaecidos cada año. En el anverso de la
lápida del escritor, en Ginebra, está inscripto un
semiverso perteneciente a Maldon.

Una lengua
rica y compleja
Durante siglos, los manuscritos anglosajones
permanecieron olvidados y escondidos en estantes de
oscuras bibliotecas. Cuando, en los siglos XVIII y XIX,
los anticuarios y filólogos ingleses comenzaron a
dirigir su atención hacia ellos, la lengua había
cambiado tanto que éstos resultaban ilegibles. Hicieron
falta décadas de perseverancia y estudios s para que
alguien pudiera nuevamente leer correctamente la lengua
anglosajona.
La gramática del inglés antiguo es
extremadamente compleja. Los casos de declinación son
cuatro, similares a los del alemán: nominativo,
genitivo, dativo, acusativo. Hay también un caso
instrumental. Entre sus curiosidades lingüísticas se
destacan una forma dual del pronombre de primera
persona, distinta a la forma plural (we=nosotros, wit =
nosotros dos).
Sobra a esta altura decir que hablar o leer
inglés moderno no confiere de por sí la capacidad de
leer inglés antiguo. Los hablantes de inglés moderno
interesados en leer la literatura anglosajona en su
forma original deben estudiar a la lengua anglosajona
inglés como estudiarían alemán o sueco, es decir, como
si se tratara de una lengua extranjera.
Véase por ejemplo el siguiente párrafo,
correspondiente al año 789 de la Crónica
Anglosajona:
Her wæs Alfwald Norðhymbra cyning
ofslægen fram Sigan ... ond heofonlic leoht wæs
lome gesewen þær þær he ofslægen wæs, ond he wæs
bebyrged on Hagustaldesee innan þære cyrican. Ond
sinoð wæs gegaderod æt Aclea. Ond Osred Alchredes sunu
feng to rice æfter him, se wæs his
nefa.
“Este año, Alfwold, rey de Nortumbria, fue
asesinado por Siga ... y se vieron con frecuencia luces
celestiales en el lugar éste donde fue muerto. Y fue
enterrado en Hexham dentro de la iglesia. Y se reunió un
sínodo en Aclea. Y Osred, hijo de Alrchred, le sucedió
en el trono. Él era su sobrino.” Como
se verá, el texto no resulta inteligible sin la ayuda de
un buen diccionario y conocimientos de gramática
anglosajona.

Borges y el inglés
antiguo
El
interés de Borges por el inglés antiguo aparece ya en
forma temprana en su ensayo Las
Kenningar, que se publica en el libro
Historia de la Eternidad (1936). Pero su
verdadero vuelco hacia el idioma y la literatura
anglosajona se produce en 1955, cuando Borges se queda
definitivamente ciego.
Para cualquier persona, la pérdida de la
vista debe ser una experiencia terrible, pero para una
persona para la cual los libros y de la literatura eran
su mundo, el golpe debe haber resultado devastador. Así
lo describe el mismo Borges en su conocido “Poema de los
dones”:
Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la
noche.
Borges recurre al estudio de una nueva
literatura para enfrentar esta pérdida.
Me dije: ya que he perdido el querido
mundo de las apariencias, debo crear otra cosa.. debo
crear el futuro, lo que sucede al mundo visible que,
de hecho, he perdido
“La Ceguera”, Siete Noches, OC III, pag
280.
Borges era, por esas épocas, profesor en la
Universidad. Un grupo de alumnas fue a visitarlo y
Borges les propuso emprender el estudio de un idioma y
una literatura que apenas conocían:
Me preguntaron cuál era ese idioma y
cual era esa literatura. Bueno, naturalmente, el
idioma inglés y la literatura inglesa. Vamos a empezar
a estudiarlos, ahora que estamos libres de la
frivolidad de los exámenes; vamos a empezar por los
orígenes
“La Ceguera”, Siete
Noches, OC III, pág. 277
Este intento de emprender un nuevo proyecto
para iniciar esta nueva etapa de su vida suena del todo
sensato. Sin embargo, no deja de ser curiosa la elección
del idioma a estudiar. Habiendo tantos idiomas que le
interesaban, ¿Por qué habría de recaer la elección de
Borges justamente en el inglés antiguo?
La respuesta a esta pregunta la encontramos
en la genealogía del escritor. Borges heredó la ceguera
del lado paterno de su familia, es decir, de sus
antepasados ingleses. La abuela inglesa de Borges,
Frances Haslam, provenía de Staffordshire, Inglaterra.
Frances padecía esta forma de ceguera hereditaria que
pasó de ella al padre del escritor, Jorge Guillermo
Borges, que a su vez la transmitió a su hijo. Por ende,
Borges veía a la ceguera como la una prueba para su
coraje, una prueba por la que cada generación de su rama
paterna Borges/Haslam debía pasar:
...estoy hablando en mi nombre
y en nombre de mi padre y de mi abuela, que murieron
ciegos; ciegos, sonrientes y valerosos, como yo
también espero morir.
“La Ceguera”, Siete Noches, OC
III, p. 276
Nuestro escritor no se equivoca ni exagera
cuando afirma que el inglés antiguo era el idioma de sus
ancestros. Es por eso que esta antigua lengua y su
literatura representan para Borges de un verdadero
regreso a los orígenes que le permite regenerarse y
crear un nuevo futuro. Mircea Eliade, estudioso de
mitos y religiones, afirma en su libro sobre el eterno
retorno:
El hombre ha sentido siempre la
necesidad de reproducir la cosmogonía en sus
construcciones, cualquiera sea el carácter de éstas, y
esta regeneración lo hace sentir contemporáneo al
momento mítico de los comienzos del mundo, a la que
intenta regresar tan frecuentemente como le sea
posible, para regenerarse a sí
mismo....
The Myth of the Eternal Return,
p. 76
Y en efecto, al comenzar su estudio de la
lengua anglosajona, Borges observa:
Estoy volviendo al idioma que
hablaban mis mayores hace cincuenta generaciones;
estoy volviendo a ese idioma, estoy recuperándolo. No
es la primera vez que lo uso; cuando yo tenía otros
nombres, yo hablé este idioma”
“La
ceguera”, Siete Noches, OC III pag. 281
Esta idea del regreso a un idioma ancestral
se repite una y otra vez en distintos
poemas.
Por ejemplo, en el poema titulado
“Al iniciar el estudio de la gramática anglosajona”,
Borges se sorprende de estar regresando a esta lengua
ancestral desde las costas del río de la Plata, río al
que, a diferencia de los ríos de Inglaterra, jamás
llegaron los drakkar (dragones) de los
vikingos, embarcaciones así llamadas porque llevaban
para amedrentar a sus enemigos la escultura de un dragón
en la proa:
Al cabo de cincuenta
generaciones tales abismos nos depara el
tiempo) Vuelvo en la margen ulterior de un
gran río Que no alcanzaron los dragones
del viking A las ásperas y laboriosas
palabras Que, con una boca hecha
polvo, Usé en los días de Nortumbria y de
Mercia, Antes de ser Haslam o
Borges
Años más tarde, vuelve a la misma idea en
el poema titulado Un Lector (Elogio de
la Sombra, OC pág. 1016)
Cuando en mis ojos se borraron Las
vanas apariencias queridas Los rostros y
la página Me di al estudio del lenguaje de
hierro Que usaron mis
mayores Para cantar espadas y
soledades
Al emprender el estudio del inglés antiguo,
Borges regresa, entonces, a las fuentes de su familia y
a su pasado lingüístico para combatir la desazón que le
produce su ceguera.

Lecciones
de inglés antiguo
Las reuniones de Borges con su grupo de
estudiantes de anglosajón comenzaron en la Biblioteca
Nacional. Con el tiempo, esas clases se trasladaron a la
case de Borges, en la calle Maipú. En su libro With
Borges on an ordinary evening in Buenos Aires,
Willis Barnestone recuerda:
Borges da sus clases de inglés
antiguo los domingos a la tarde. Duran aproximadamente
dos horas hasta que Borges se va a cenar, por lo
general caminando a la casa de Adolfo Bioy Casares...
Los estudiantes suelen ser siempre los mismos: una
mujer inglesa mayor, vieja amiga de Borges, algunos
ex-alumnos de Borges de la universidad... y María
Kodama... La atmósfera es eléctrica: Borges se sienta
en el sofá bajo las ventanas del living. Primero elige
algunos textos anglosajones o escandinavos... Tras él,
sosteniendo los libros con los antiguos textos, está
Pablo, que le va mostrando línea por línea lo
que el grupo está leyendo, como si Borges
pudiera ver y descifrar las palabras. Borges parece
seguir los textos, pero, por supuesto, lo que en
realidad sucede es que los sabe de memoria... He dicho
que la atmósfera es eléctrica... lo que predomina en
estas clases es la risa. A Borges le gusta reír, pero
nunca lo he visto reir tanto como cuando disfruta los
sonidos y significados de estos antiguos textos...
[With Borges in an Ordinary Evening in Buenos
Aires, p.49]
Habiendo perdido su vista, Borges encuentra
un enorme placer en el sonido del idioma anglosajón.
Ocurre que en esa lengua existían fonemas y
combinaciones de sonidos que se han perdido en el inglés
de hoy:
El inglés antiguo, idioma de
duras consonantes y vocales abiertas, era más sonoro y
más áspero que el moderno, que ha ido limando sus
aristas: Incluía grupos consonánticos hoy
desaparecidos: pan, que ahora es loaf, era hlaf;
relinchar, que ahora es to neigh, era hneagan;
sortija, que ahora es ring, era hring; ballena, que
ahora es whale, era hwael.
[Literaturas
Germánicas Medievales, OCC p. 869 ]
A Borges, estos sonidos le parecen
especialmente apropiados para las poesías épicas:
El lenguaje anglosajón, el
inglés antiguo, estaba por su misma aspereza
predestinado a la épica, es decir a la celebración del
coraje y de la lealtad. Por eso... lo que le sale
especialmente bien a los poetas es la descripción de
batallas. Es como si oyéramos el ruido de las espadas,
el golpe de las lanzas sobre los escudos, el tumulto
de los gritos de la batalla
(Borges
Profesor, clase V)
Habiendo perdido la vista, los sonidos
fuertes y bruscos del inglés antiguo llaman
poderosamente la atención de Borges
Inspiración e
influencias
El interés de Borges
por las literaturas germánicas, como hemos visto, se
remonta a los comienzos de su carrera de escritor. La
siguiente cronología sirve para ubicar en el tiempo su
producción relacionada con temas anglosajones.
- En 1936 se publica Historia de la
Eternidad, libro que contiene el ensayo titulado
“Las Kenningar”, en el que Borges describe y analiza
las complejas metáforas utilizadas por los poetas
escandinavos y anglosajones del medioevo.
- En 1951 se publica Antiguas
Literaturas Germánicas. Se trata a
la vez de un manual introductorio y de una breve
antología. La influencia de la literatura anglosajona
comienza a hacerse sentir. Sin embargo, Borges todavía
no sabe inglés antiguo.
- En 1955 Borges es nombrado director de
la Biblioteca Nacional. Ese mismo año se queda ciego y
comienza a estudiar inglés antiguo.
- En 1963 y 1964 hace sendos viajes a
Inglaterra. Visita el pueblo de sus ancestros y muchos
otros lugares de interés histórico y literario
- En 1966 publica Literaturas
Germánicas Medievales. Se trata de una revisión
de Antiguas Literaturas Germánicas. El
capítulo dedicado a la literatura anglosajona es el
que sufre más adiciones y revisiones, ya que Borges
trabaja ahora directamente “sobre los textos
primitivos” (Literaturas Germánicas
Medievales, “Introducción”, OCC pag. 861)
- En 1978 publica su Breve Antología
Anglosajona, compilación de textos anglosajones
traducidos directamente del inglés antiguo al
castellano por Borges y María Kodama.
En el poema titulado “Al iniciar el estudio
de la gramática anglosajona” (citado arriba) de El
Hacedor (1960) Borges elogia a la “infinita
urdimbre de los efectos y de las causas” que le ha
concedido el don de aprender inglés antiguo. El escritor
afirmaba que el título de este poema llamó la atención
de varios lectores. En su Autobiografía
recuerda:
Cierta vez un colega me llamó
aparte y me dijo preocupado: “ ¿Qué significa eso de
publicar un poema titulado ‘Al iniciar el estudio de la
gramática anglosajona?”. Traté de hacerle entender que
el anglosajón es para mí una experiencia tan íntima como
mirar una puesta de sol o enamorarse
(Autobiografía, págs. 134-145)
El estudio de esta lengua y esta literatura
dejó “rastros” (Autobiografía, pag. 134) tanto
en sus poemas como en sus cuentos. Un análisis completo
de la influencia del inglés antiguo esta mas alla
delalcance de este artículo, pero analizaré a
continuación a algunos de los poemas en los que la
influencia del idioma y la literatura anglosajona
resultan más visibles.
El otro, el mismo de 1964, es un
libro especialmente pródigo en poemas de tema sajón.
Esta no es una coincidencia. Como se ve en la
cronología, para el año de publicación de este libro,
Borges acababa de regresar de un viaje por Inglaterra,
en el que visitó numerosos lugares de interés histórico
y literario, entre ellos, York y el pueblo de sus
ancestros en Staffordshire.
En todos estos poemas Borges vuelve una y
otra vez al tema de los comienzos: los comienzos de
Inglaterra, el inicio de sus estudios de anglosajón, los
orígenes de la lengua inglesa.
El poema titulado “Un sajón” (de El
otro, el mismo, pag 883) narra la llegada de uno de
los primeros guerreros de esa tribu a Inglaterra.
Describe a un hombre rudimentario, portador a la vez de
una tosca religión pagana y de una lengua ricas en
posibilidades literarias. El mismo guerrero que adoraba
a Odín (Woden) y Thor (Thunor) es capaz de componer
poemas utilizando metáforas complejas.
Woden o Thunor, que con torpe
mano Engalanó de trapos y de clavos Y
en cuyo altar sacrificó al
arcano Caballos, perros, pájaros y
esclavos
Para cantar memorias o
alabanzas Amonedaba laboriosos
nombres; La guerra era el encuentro de los
hombres Y también el encuentro de la
lanzas
Borges utiliza de ejemplo dos de estas
metáforas que corresponden a la batalla: “encuentro de
los hombres” y “encuentro de las lanzas” ambas
similares (aunque no exactamente iguales) a las que cita
en su ensayo Las kenningar.
En el mismo libro (El otro, el
mismo, p. 902), encontramos un poema titulado
“Composición escrita en un ejemplar de la gesta de
Beowulf”. Se trata nuevamente de una reflexión sobre los
motivos que impulsan a Borges a estudiar este idioma. La
explicación se refiere, nuevamente a sus ancestros:
A veces me pregunto qué razones
Me mueven a estudiar sin esperanza De
precisión, mientras mi noche avanza La lengua de
los ásperos sajones ... Será, (me digo entonces)
que de un modo secreto y suficiente el alma
sabe Que es inmortal y que su vasto y grave
Círculo abarca todo y puede todo...
Al parecer, al estudiar inglés antiguo,
Borges jugaba realmente con la idea de la inmortalidad
del alma. En “Borges, Esplendor y Derrota” (p. 218), la
autora transcribe una conversación grabada en 1961 en
Nuevo México, que tuvo lugar entre Borges, Enrique
Zuleta Álvarez y Cleoh N. Capsas. Luego de recitar
“Composición escrita sobre un ejemplar...” Borges
anuncia a sus interlocutores que está estudiando inglés
antiguo “precisamente porque conoce su naturaleza
inmortal.” Agrega que está regresando a este idioma
“aprovechando los beneficios de la metempsicosis”, es
decir, de la reencarnación. “¿Por qué no pudo
haber hablado mi alma en un cuerpo anterior al siglo
décimo, aquel idioma que luego se convertiría en el
inglés?” - se pregunta Borges. Los tres participantes de
la conversación ríen, “pero Borges" -se pregunta M.E.
Vázquez - " ¿hablaría en serio o en broma?”. No lo
sabemos.
A la “Composición escrita sobre un
ejemplar...” le sigue otro otro poema, cuyo título
es directamente anglosajón: “Hengist Cyning”. Se trata
de una elegía de Hengist, primer de Inglaterra. De la
palabra anglosajona cyning desciende la
forma moderna “king”, de manera que el título de este
poema, “Hengist Cyning”, significa simplemente “Hengist
Rey”.
Hengist y Horsa, fueron, en la leyenda, los
dos fundadores de Inglaterra. Podríamos decir que son la
versión sajona de Rómulo y Remo. En el anal del año 449
de la Crónica Anglosajona, se lee:
On hiera dagum Hengest ond Horsa from
Wyrtgeorne geleaþade Bretta kyninge gesohton Bretene
on þam staþe þe is genemned Ypwinesfleot, ærest
Brettum to fultume, ac hie eft on hie
fuhton.
“En sus días Hengist y Horsa
fueron invitados por Wurtgern, rey de los Bretones y
arribaron a Gran Bretaña en un lugar llamado
Ipswinesfleet (Ipswitch). [Vinieron] en un principio
para ayudar a los Bretones, pero luego combatieron
contra ellos.”
La primera parte de este poema, propone un
posible epitafio para Hengist. Se trata de una maniobra
literaria que Borges ejecuta una y otra vez a lo largo
de su obra: completar los enigmas de la historia con
hechos imaginarios, postular realidades posibles para
sucesos para los que no hay evidencia. Como hemos dicho,
Hengist es un personaje de leyenda: nunca se han
descubierto sus restos y mucho menos una inscripción
sobre su tumba. Borges, sin embargo, no puede evitar
postular una leyenda fúnebre para este rey que tal vez
nunca existió.
En la segunda parte del poema, es Hengist
quien habla, ignorando el epitafio que el mismo Borges
postula:
No sé que runas habrá marcado
el hierro en la piedra Pero mis palabras son
estas: Bajo los cielos yo fui Hengist el mercenario
Y, lo que resulta aún más curioso: en las
líneas siguientes, Hengist describe a la tierra que
acaba de conquistar::
Me place el reino que gané con la
espada: Hay ríos para el remo y para la red Y
largos veranos Y tierra para el arado y para la
hacienda
Estas referencias geográficas son
peculiares. Describen en pocas líneas, concretas y
próximas a la prosa narrativa una tierra nueva que algún
día será Inglaterra. Sobra decir que ningún documento
sobrevive de éstas épocas tempranas de la colonización
anglosajona de las islas británicas, sino que se trata
de una creación de Borges, un intento por imaginar qué
habrán sentido o pensado los primeros habitantes sajones
de Inglaterra al contemplar su nuevo
hábitat..
El poema titulado “Brunanburh, 937 A.D”.
constituye otro excelente ejemplo de esta maniobra
literaria de esto. Este poema está basado en un poema
anglosajón titulado “La Batalla de
Brunanburh” que aparece intercalado en el anal
correspondiente al año 937 de la Crónica
Anglosajona.
El poema original de Brunanburh
conmemora la victoria del rey sajón Aethelstan y su
hermano Eadmund sobre un ejército formado por pictos,
escoceses y britanos. Anlaf es el jefe del contingente
vikingo, que debe escapar, derrotado y humillado, del
campo de batalla.
El poema de Borges, basado en el original
anglosajón, evoca la voz de un guerrero sajón que ha
combatido en Brunanburh e imagina a la mujer que
aguardará en vano, en las costas escandinavas, al
guerrero escandinavo que mató la noche anterior :
Brunanburh 937
A.D. Nadie a tu
lado Anoche maté a un hombre en la
batalla. Era animoso y alto, de la clara estirpe de
Anlaf. La espada entró en el pecho, un poco a la
izquierda. Rodó por tierra y fue una cosa, Una
cosa del cuervo. En vano lo esperarás, mujer que no
he visto. No lo traerán las naves que
huyeron Sobre el agua amarilla. En la hora del
alba, Tu mano desde el sueño lo buscará. Tu lecho
está frío Anoche maté a un hombre en Brunanburh.
Hay además, en este poema, un detalle
lingüístico interesante. El “agua amarilla” que
Borges menciona en el poema es una traducción directa
del original. Las líneas 28-36 del poema
…
Fife lægun on þam campstede
cyningas giunge, 30
sweordum aswefede,
swilce seofene eac
eorlas Anlafes, unrim
heriges, flotan and Sceotta.
þær geflemed wearð Norðmanna bregu,
nede gebeded, to lides stefne
litle weorode; 35
cread cnear on
flot, cyning ut gewat
on fealene flod,
feorh generede.
Cinco reyes jóvenes quedaron
tendidos en el campo de batalla, adormecidos por
la espada, y también siete guerreros de Anlaf, y otro
sinnúmero de escoceses y navegantes (vikingos).
Así fue puesto en fuga el rey de los hombres del norte,
acuciado por el peligro, hacia la proa de su
barco, con reducido ejército. La nave se apresuró sobre
el mar. El rey escapó, navegando, sobre las amarillas
aguas, y salvó su vida
El adjetivo fealu (aquí declinado en
su forma fealene), tiene un significado
múltiple sobre el que los traductores no logran ponerse
de acuerdo. Se refiere, en muchos casos, a un color
amarillento o amarronado, pero en este contexto puede
significar también “brillante”, tal vez haciendo
referencia al reflejo del sol en el mar. El amarillo era
uno de los pocos colores que Borges podía distinguir a
pesar de su ceguera; seguramente la idea de que los
sajones vieran a las aguas mar de este color llamó
poderosamente su atención.

Conclusión
El inglés
antiguo, antecesor directo del inglés moderno, fue uno
de los idiomas que Borges estudió con más afán. El
interés inicial puede haber sido anticuario o
genealógico, pero en todo caso, con el tiempo, Borges se
convirtió en un verdadero erudito de esta lengua.
Los textos que estudió le sirvieron de inspiración para
su creación poética y narrativa. Poco estudiados en
estas latitudes, tanto el idioma como la literatura de
la Inglaterra medieval resultan fundamentales para poder
abarcar en su totalidad la obra de este
escritor.
Nota:
inglés antiguo y anglosajón son términos sinónimos.
Anglosajón es el término que utilizaban los primeros
estudiosos de la lengua; el término inglés antiguo es el
más actual y lingüísticamente el más correcto. Borges,
sin embargo, prefería utilizar el más arcaico
“anglosajón” para referirse a esta lengua, tal vez
porque sonaba más majestuoso que “inglés antiguo”,
más simple y directo.
Bibliografía:
Barnestone, Willis With Borges on an Ordinary Evening in
Buenos Aires Urbana and
Chicago Universityof Illinois Press 1993
Borges, Jorge Luis Antiguas Literaturas
Germánicas México D.F. Fondo de
Cultura Económica 1951
Borges, Jorge Luis Obras Completas 1923-1972
(OC) Buenos Aires Emecé
Editores 1974
Borges, Jorge Luis Obras
Completas, Tomo III (OC III) Buenos
Aires Emecé Editores 1989
Borges, Jorge Luis. Obras Completas
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